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La fe en la sociedad posmoderna (I)

1. Posmodernidad

Resulta complicado definir con precisión el término posmodernidad a pesar de que a partir de la segunda mitad del siglo XX diferentes autores, desde diversos campos académicos, han aportado su visión sobre el asunto.i

Precisamente es ardua tarea su definición porque, como observa E. Gellner, «la claridad no se encuentra entre sus características destacadas: el posmodernismo no sólo no la practica sino que, de vez en cuando, la rechaza abiertamente»ii. Esta ausencia de claridad desdibuja su definición concreta pero a su vez nos muestra una de sus primeras características.

Gianni Vattimo en sus reflexiones sobre este concepto formuló la expresión de “pensamiento débil”, fundamental para comprender el fenómeno de la posmodernidad, poniendo de relieve que el sujeto ha caído en la duda, no posee convicción.

Sobre la posmodernidad, José María Mardones escribe: «[...] es la reticencia frente a la razón en cuanto poseedora de un saber “fuerte”. Ofrece una gran proclividad hacia los conocimientos “débiles”, tentativos, plurales, que avanzan, vía negativa, deconstruyendo, mostrando las debilidades de las pretendidas teorías firmes. El pluralismo, el fragmento y la diferencia son formas queridas de este talante»iii.

Nuestro interés no está en conseguir una definición del término (es más, hay pensadores que afirman que es un concepto superado), pero sí en sintetizar sus características para situar las bases del pensamiento actual e intuir un posible escenario futuro de la fe. La eclesiología cristiana convive con tres formas de pensamiento y práctica social que están íntimamente relacionadas y se funden unas con otras: relativismo, pluralismo y experiencia.

 

1.1. Relativismo: discurso teológico fragmentado

Una de las características de la eclesiología es su capacidad de generar y aceptar discursos omnicomprensivos de la realidad, interpretadores del ser humano y del mundo. Esto choca con los cambios de paradigmas e ideas fluctuantes del pensamiento actual. «Simplificando al máximo, se tiene por “posmoderna”, a la incredulidad con respecto a los metarrelatos»iv.

La posmodernidad es una crítica al poder de la razón, un cuestionamiento a los discursos totalizadores que pone de manifiesto la insuficiencia de los metarrelatos como organizadores de la realidad. Ésta posee una pluralidad de niveles explicativos, no una sola verdad -“si es que ésta existe”, dirá el pensamiento posmoderno.

 

1.2. Pluralismo: declive institucional

Donde todo depende y ese todo es plural, ¿hay lugar para la singularidad del mensaje de Jesús?, ¿y para, por ejemplo, una ética cristiana? Las relaciones son líquidas -Zygmunt Bauman- y el imperativo es light. Frente a esto, el sociólogo Peter Berger postula que «el pluralismo crea un estado de permanente incertidumbre con respecto a lo que debe creerse y a cómo hay que vivir; pero el espíritu humano aborrece la incertidumbre, sobre todo en lo que se refiere a las preocupaciones vitales realmente importantes. Cuando el relativismo ha llegado a una cierta intensidad, el absolutismo vuelve a convertirse en muy atractivo. El relativismo libera, pero la libertad resultante puede ser muy dolorosa; entonces, la gente trata de liberarse del relativismo»v-esto sucederá en algunas de las formas de persistencia religiosa “de regreso”, que comentaremos más adelante.

En este pluralismo la medida es el individuo, de manera que, en palabras de Vattimo, la posmodernidad es “el desenganche institucional” a todos los niveles: político, ideológico, religioso, familiar, etcétera. Esta pluralidad no borra la religiosidad, sino que la canaliza hacia una espiritualidad difusa y anárquica. El paradigma religioso tradicional se quiebra.

 

1.3. Experiencia: ¿Es cierto? ¿Es agradable? ¿Me ayuda?

La pregunta que demandaba una respuesta era: ¿es cierto? De ese centro interpretativo, y en medio de la explosión de movimientos sociales de independencia y liberación de la década de los sesenta, se pasó a: ¿es agradable? Esta migración, que hoy se vive, reemplaza el foco de importancia de la doctrina a las historias (storytelling).

Hoy estamos frente a otra transición de carácter pragmático: ¿me ayuda? Las diferencias con otras iglesias pasan por ser secundarias y el cuerpo unido de creyentes con base bíblica se transforma hacia una comunidad social basada en un corazón menos cognitivo y más experiencial.vi El énfasis recae sobre la experiencia religiosa y no sobre su comprensión y explicación. Ortopraxis frente a ortodoxia. Siguiendo el viejo principio del Romanticismo: “mi experiencia es mi prueba”. Las posmodernidad nos coloca ante situaciones y respuestas contrapuestas: «Hay quienes sólo están interesados en experiencias, sobre todo extáticas. Otros, están totalmente opuestos a toda forma de experiencia, como si la vida cristiana se redujera solamente a explicaciones doctrinales teóricas aceptadas como “oficiales” y, por lo tanto, inmodificables»vii.

Concluimos este primer apartado añadiendo que «el Dios trino de la nueva sociedad globalizante ya no es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo de la religión cristiana, sino el Dinero, el Consumo y el Status. Estos se han convertido en el objetivo final y la medida de todas las cosas»viii; aunque la espiritualidad y su halo de trascendencia sigue estando presente en todo movimiento humano. Es su esencia. Su llamado. Pero la coctelera posmoderna lo abarca, mezcla y agita todo.

Cuando se ha comprobado la incapacidad de la religiosidad tradicional, del pragmatismo, del cientificismo, del relativismo y del humanismo ateo para satisfacer el ansia de ese algo más que anida en el corazón, ¿adviene de nuevo con fuerza, y en busca de una respuesta original, la pregunta sobre el valor de lo sagrado? ¿Cómo responde el ser humano ante las preguntas sobre su propio origen y destino? ¿Tiene sentido, hoy, abrirse a instancias de orden trascendente? ¿Todavía posee valor efectivo la hipótesis y aceptación de Dios?

 

2. Formas de rechazo actual

El ser humano responde bajo una pluralidad de actitudes a los interrogantes existenciales que se le plantean. Una de esas posturas es el rechazo de la fe como clave interpretativa. Podemos desglosar las siguientes posiciones que marcan gran parte de la sociedad contemporánea:

 

2.1. Secularismo

Parece que ya no es posible hablar de lo religioso, a no ser que sea en términos de pasado, como reliquia supersticiosa, y en el ámbito privado. El Creador de la vida queda confinado a un ataúd tras su anunciada “muerte” moderna, donde toda verdad o significado es esencialmente empírico. Dicho anuncio libera a la humanidad de “cualquier idea de absoluto” y establece su horizonte hermenéutico sobre valores marcadamente laicos, cuando no laicistas. Este fenómeno arreligioso se traducirá en las tres modalidades que se comentan a continuación: ateísmo, agnosticismo e indiferencia religiosa.ix

 

2.2. Ateísmo

Este camino interpretativo, de carácter directo y polémico, ratifica el rechazo a la divinidad trascendente. Su literatura y seguidores se propagan con celeridad, aunque, actualmente, con cierta superficialidadx. D. C. Dennet, R. Dawkins, S. Harris y C. Hitchens son algunos de los jinetes del “ateísmo del siglo XXI” que algunos consideran “débil”, pues se parece más a un humanismo secular que a un ateísmo “duro” como el de Nietzsche, Camus, Sartre, Freud, Russell, Marx o Feuerbach. En síntesis, desde una visión humanista, y en la mayoría de los casos, más bien anticristiana, considera que «el ser humano es reivindicado en su dignidad de absoluto en nombre de la visión cientificista de la realidad. La conquista de los astros expulsa la divinidad del último rincón en el que se había refugiado»xi.

 

2.3. Agnosticismo

“Ni sé, ni sabré”. De esta manera podría resumirse su posición frente a la existencia del Absoluto. Se abstiene de cualquier juicio en relación con los valores sagrados de la realidad por su inaccesibilidad, y se sitúa entre el ateísmo y la indiferencia religiosa. Es una opción atractiva y para algunos la más honesta de las posturas frente a lo sobrenatural.
 

2.4. Indiferencia religiosa

Domina en la sociedad occidental y cierra la posibilidad de comportamientos que se puedan interpretar como aceptación, aversión o rechazo de Dios. Algunos autores definen nuestra época no sólo como post-religiosa, sino post-atea. Tanto unos como otros, religiones históricas y ateísmo rígido, no han sabido dar respuesta a las necesidades pragmáticas del ser humano, por lo que encauzados por la posmodernidad, sin pretensiones ni de absolutos ni de exhaustividad, rebrotan formas culturales, míticas y religiosas para satisfacer sus propias pulsiones trascendentes y problemáticas cotidianas. Curiosamente, entre la indiferencia religiosa, consciente o inconscientemente, también se perpetúa el fenómeno religioso.
 

3. Persistencia del fenómeno religioso

Las profundas transformaciones a las que la sociedad está siendo sometida no han cambiado la naturaleza constitutiva de la existencia humana ni han destruido su esencia religiosa. En el siglo de la ciencia ésta se ha visto dominada por el misterio y la derrota del cálculo racional ha determinado el surgir de una nueva hambre de lo sagrado: «Se crean nuevos ídolos a nivel individual y social. También el hombre moderno tiene necesidad de mitos, aunque los adquiera en versión actualizada. También se revela incapaz de vivir sin dioses. Lo que parecía destinado a desaparecer en el transcurso de pocos decenios, lo que, como mucho, parecía destinado a subsistir dentro de sociedades retrasadas y poco técnicas, se demuestra tenaz...»xii.
 

3.1. Movimientos nacidos dentro de las grandes tradiciones religiosas

La eclesiología tradicional se ve sacudida por grupos que brotan y pretenden, a su manera, adecuarse a las circunstancias socio-culturales actuales:

“Religiosidad del futuro”: Estos grupos buscan la independencia de lo institucional, se alejan de estructuras rígidas y jerarquizadas, y basan su cuerpo comunitario en la experiencia, dejando en un segundo plano las creencias y formas que hasta ahora parecían inamovibles. Algunos de estos movimientos se adhieren a la nueva “Teología del Pluralismo Religioso”xiii, un cambio de paradigma y una propuesta de relectura del cristianismo más allá de la propia religión. Todavía por inventar, se presenta relacionado con el macroecumenismo -post-inclusivista- y dirigido por la sociedad del conocimiento y la globalización, abandonando la visión de superioridad cristiana y reconociendo a las demás religiones como formas posibles de encuentro con Dios.

“Religiosidad de regreso”: Se definen como movimientos de reacción frente a la posmodernidad y sus valores. De inspiración fundamentalista, son los grupos religiosos más estrictos, probablemente por un instintivo mecanismo de defensa, donde se promueve una "espiritualidad" rígida y exclusiva, de tintes dogmáticos y autoritarios.

 

3.2. Corrientes orientales, Nueva Era y formas de religiosidad contemporáneas

Ante la falta de riqueza espiritual de la Europa actual -para muchos encorsetada en la tradición y el dogma-, se está experimentando la influencia de la espiritualidad del Extremo Oriente -síntoma, a su vez, de que el vacío trascendente del ser humano ha de ser llenado de una u otra forma-. Cienciología, meditación trascendental, ejercitación armónica del cuerpo, la mente y el espíritu, parapsicología humanista, esotérica de antiguas religiones, gurúes, técnicas y terapias que recurren al poder del cosmos, teorías metafísicas y paranormales, visiones místicas, ocultismo y un largo etcétera.

A toda esta religiosidad a la carta se suma el New Age -Nueva Era- como un concepto resumen de la nueva espiritualidad contemporánea que presenta una era -la de Acuario, que sigue a la del Pez (símbolo cristiano)- de paz, felicidad y armonía. Menciona un renacimiento espiritual, enuncia una escatología milenarista y posee una dimensión ecológica.xiv Desde una antropología holística defiende el panteísmo y el despertar del “cristo interior” para alcanzar la iluminación de cada ser humano. Un complejo paraíso narcisista de ensimismamiento regido por la ley del “todo vale” con tal de que favorezca el bienestar -de alguna forma representaría al postmodernismo extremo-.

Finalmente, aunque en apariencia desprovistas de esencia religiosa, estamos rodeados de actitudes, dogmas y tradiciones más profundamente religiosas que la propia religión (tradicional): la cultura, la política, el consumismo, la divinización de “estrellas mediáticas”, el consumo de drogas y la sexualidad pervertida, el dinero, el poder, el ego, el culto al cuerpo, etcétera.xv

Un panorama de la fe lleno de tendencias contradictorias: el escepticismo y la indiferencia se mezclan con nuevas formas de religiosidad que señalan el despertar de una masa de “religiosidad vagabunda”. ¿Estaremos frente a una etapa transreligiosa, transconfesional y postcristiana?

 

En el próximo artículo analizaremos:

 

4. ¿Una etapa transreligiosa, transconfesional y postcristiana?

5. ¿Cómo vivir una eclesiología cristiana relevante en la era posmoderna?

5.1. Jesús: paradigma universal

5.2. Eclesiología relacional: diálogo interno y externo

5.3. Referente moral: de la teoría a la práxisdel evangelio social

5.4. Brújula escatológica: horizontes y recreación

5.5. Comunicación y lenguaje: haciéndonos entender

6. Propuesta final

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iAunque sin concretarlo bajo el término de posmodernidadesta forma de pensamiento es propuesta con anterioridad, fundamentalmente, por Friedrich Nietzsche, quien pone en duda y critica de forma feroz a la razón.

iiALESSI, Adriano (2004): Los caminos de lo sagrado.Madrid: Ediciones Cristiandad, p. 183.

iiiMARDONES, José María (1988): El desafío de la postmodernidad al Cristianismo. Santander: São Terrae, p. 23.

ivLYOTARD, Jean-François (1993): La condición posmoderna, trad. Mariano Antolín Rato. Buenos Aires: Planeta-Agostini, p. 10.

vLa imposibilidad de vivir en un relativismo absoluto o, lo que es lo mismo, en un pluralismo total, ha sido tratada por Juan Martín Velasco, quien indica que autores posmodernos como Rorty y Vattimo, entre otros, aunque están a favor del pluralismo, optan por postular ciertos “valores éticos” fundamentes.

viLa congregación está más interesada en escuchar mensajes que le ayuden a superar la depresión en vez de saber sobre el santuario celestial. Véase el capítulo Three Significant Changes Facing Today´s Church, de George W. Reid, en Pensar la Iglesia Hoy. Entre Ríos, Universidad del Plata, pp. 421-426.

viiROLDÁN, Alberto F (2004): “La Iglesia frente al desafío de la posmodernidad y el pluralismo” en Teología y cultura, año 1, vol. 1 Argentina: agosto, p. 11.

viiiKlingbeil, G. A., Klingbeil, M. G. y NÚÑEZ, M. A. (2002):Pensar la Iglesia Hoy. Entre Ríos, Universidad del Plata, p. 384.

ixSeguimos aquí la propuesta de ALESSI, Adriano (2004): Los caminos de lo sagrado, op. cit., pp. 18-24.

xParecen más preocupados por llenar estanterías de best-sellersque por vivir un verdadero ateísmo que se desligue de cualquier valor religioso. John Gray lo cataloga como “ateísmo de tipo evangélico”.

xiALESSI, Adriano (2004): Los caminos de lo sagrado, op. cit., p. 19.

xiiALESSI, Adriano (2004): Los caminos de lo sagrado, op. cit., p. 27.

xiiiVIRGIL, José María (2007): “El paradigma que viene: reflexiones sobre la teología del pluralismo religioso” en Revista Iberoamericana de Teología, vol. 4. México: enero-junio, pp. 55-72.

xivLa Nueva Era reflexiona sobre temas típicamente adventistas. Es más, para Marcel Fernández es un “adventismo aunque vaciado del espíritu de Dios”, sutil y definido como el gran engaño satánico. Recomiendo profundamente la lectura de sus ponencias de la Convención de AEGUAE en el año 1993: www.aula7activa.org/edu/documentos/documentos/nuevaera.pdf

xvGIL, Samuel (2012): “¿Por qué creo en Dios? Diálogos acerca de lo trascendental” en Aula7, nº 25. España: diciembre 2012, pp. 27-33.

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