Seis tortugas, pero no palomas, en los doce días después de la consagración (Adoración y Consagración)

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Después de haber visto el primer comercial de Navidad en la TV la semana pasada, mi esposa exclamó, desesperada: “Ustedes los Anglos tienen una carencia grave de celebraciones públicas antes de la Navidad, ¿En Inglaterra abren los regalos de Navidad mientras estamos cortando las calabazas de Halloween en los EE.UU.?”

En Inglaterra es posible que se haya convertido en un hecho cultural desear comer el pudín de Navidad antes de “el asado”. En consecuencia, para el lector moderno, “el asado” en Números capítulo siete incluye: puré de guisantes y hortalizas empapadas, carne vegetal quemada, humeantes budines de Yorkshire, utensilios de pan de nueces retardantes, y no la suficiente salsa. No hay, aparentemente (según los estándares modernos), apetito para la narrativa dinámica en el capítulo siete. En cambio, el lector tiene que soportar listas idénticas y repetitivas de ofrendas tribales para el santuario. Tras una inspección más cercana, sin embargo, nuestro texto inspirado se vuelve un poco más aceptable.

Los capítulos séptimo y octavo describen una continuación de los preparativos de Israel en el Sinaí, antes de partir hacia la Tierra Prometida. En la expansión del tema de los primeros capítulos, la agenda del autor / editor parece concentrarse en el sitz-im-leben [contexto histórico] del santuario en el corazón de la comunidad, el propósito que tenía, y la función de los levitas dentro de la sociedad israelita. El Santuario estaba ahora en el corazón de la comunidad, en lugar de “muy lejos del campamento” (ver Éxodo 33.7-11).

Aunque no es explícito Números, se puede suponer que la gente era en alguna medida, como se describe en Éxodo 12,38, “una multitud mixta”. Este “grupo de sobrevivientes” todavía parecen lejos de convertirse en un pueblo unido. Tal vez la ofrenda de la tribu del capítulo siete, alentaba una mayor congruencia social a través de la acción común. Sin embargo, el lugar donde Israel se encontraba, bemindba o “en el desierto”, en su comprensión cultural parece ligada a la idea de caos, que es precisamente el estado en que se encontraban. Dios está aparentemente guiándolos fuera de ese estado.

La primera ofrenda que se trajo (Núm. 7:3), “seis carros cubiertos”, עֶגְלֹת צָב , `eglah tsab, que significa literalmente “un vagón de tortuga”, es decir una “carreta”, era una ofrenda necesaria para un viaje con un santuario móvil. El relato anterior continúa con setenta y siete versículos de cuentas idénticas sobre las ofrendas de cada tribu para el ritual. A pesar de lo desabrido del relato sobre ofrendas idénticas, esta sección probablemente estaba destinada a la lectura pública, para expresar la generosidad y también la paridad de las tribus en sus donaciones, lo que engendra un espíritu de igualdad. Esto se corresponde con el orden ceremonial, que no se debe a la edad o a la importancia, sino al orden del campamento que figura en el capítulo dos. Las ofrendas mismas son generosas para las normas antiguas, y este no es el único relato sobre ofrendas del templo en la Torah. Sólo la plata ascendió a 2.400 shekels [o siclos] de peso, (y si un siclo del Templo pesaba 10 gramos) es equivalente a 24 kilogramos de plata, o 52 libras y 91 oz, que es aproximadamente un tercio del peso de un hombre promedio en el Reino Unido. El oro, que pesó 120 shekels, es equivalente a 1,2 kilogramos o 2 libras y 65 oz. La ofrenda de ganado alcanzó a 312 animales en total, también una contribución considerable, e importante a la luz del “vivo deseo” de comer carne que se registra en Números 11:4. Los israelitas hicieron un sacrificio importante. Así, la inauguración del santuario se caracterizó por un considerable y coordinado apoyo laico.

Las ofrendas son seguidas por el encuentro en este pasaje de la Escritura; Moisés oye la voz de Dios desde encima del propiciatorio, entre los querubines, como se prometió en Éxodo 25.22. Esta manifestación oculta y protegida de la presencia de Dios en el santuario es paralela a la idea del universo como un santuario. John H. Walton plantea en su libro El mundo perdido del Génesis Uno, que: “En el texto bíblico la descripción del tabernáculo y el templo contiene gran número de conexiones transparentes con el cosmos. Esta conexión fue explícitamente reconocida ya en el siglo II d.C., en los escritos del historiador judío Flavio Josefo, que dice del tabernáculo: “cada uno de estos objetos pretende recordar y representar el universo”. Un poco más adelante, Walton continúa: “el atrio representaba las esferas cósmicas fuera del cosmos organizado (el mar y los pilares). La primera sala tenía las representaciones de las luces y los alimentos (provistos por Dios). El velo separaba el cielo y la tierra –el lugar de la presencia de Dios desde el ámbito de la habitación humana”(Págs. 81-82).

La presencia de Dios iba a ser custodiada por los Levitas (ver Números 3.10, 3.28, 8.19). Además de Moisés, y del sumo sacerdote durante el Día de la Expiación (con la excepción de 2 Crónicas 5,7), el lugar santísimo era inaccesible para cualquier otra persona, aunque la presencia de Dios se podía observar en la nube y el fuego, y sus consejos podrían buscarse en ocasiones mediante consultas (ver Números 5.16, 27.21). Esto se ve reforzado por la pregunta de los israelitas en Éxodo 17:7: “¿Está el Señor entre nosotros o no?”.

Los levitas no sólo estaban como una medida de seguridad (como sucedió con sus ciudades, que se convirtieron en ciudades de refugio, según la narrativa posterior de Núm. 35:6), sino para funcionar como curadores del santuario. Esta nueva definición de los roles sociales es paralela al relato de la creación del Génesis, donde Dios hace separación entre la luz y la oscuridad, el agua de las aguas, la tierra del agua, el día de la noche, el hombre de la mujer, el tiempo común del Tiempo Santo, para la función o propósito de servir en el nuevo orden que Dios había creado. Así, la creación del Génesis antecede al nuevo orden social, ético y profesional que Dios quiso poner en el desierto caótico, para los israelitas, en su viaje a la Tierra Prometida. Así, la Inauguración del Santuario se caracteriza no sólo por el apoyo de los laicos, sino también por la ordenación de los levitas.

Entonces, ¿cómo es utilizado el contenido de Números en el Nuevo Testamento? El Nuevo Testamento recoge la importancia de la función sacerdotal y la aplica a Jesús en una serie de formas: la práctica del lavado ceremonial, la edad de inicio de un sacerdote, la sangre del sacrificio, el papel del Sumo Sacerdote en el Día de la Expiación, y la capacidad del Sumo Sacerdote para pasar al Lugar Santísimo del santuario.

Nos preguntamos, ¿cómo nos habla hoy esta sección aparentemente monótona de la Escritura, culturalmente separada de nosotros por miles de años de historia? Tal como se simboliza en el velo del santuario, y en el papel de los Levitas que lo custodiaban, la presencia de Dios parece oculta para nosotros, y bien podemos exclamar, como los hijos de Israel: “¿Está el Señor con nosotros o no?” El dominio de Dios parece inalcanzable. Ansiamos el “pudín de Navidad” mientras que tenemos que soportar el “asado de Navidad”. Como les sucedió a los israelitas en el desierto, a veces nuestra vida emocional, física, mental y espiritual, parece agotada. Sin embargo, incluso en el desierto, Dios busca poner orden en nuestra vida caótica.

A pesar de no tener acceso físico al lugar santísimo, se nos ha dado la instrucción y la guía de Dios, y podemos ver los resultados de la dirección de Dios en nuestras vidas y en las vidas de los demás. El ordenamiento de la sociedad israelita, las ofrendas coordinadas del capítulo siete, ayudaban a la elaboración de la vida de la comunidad a través de un propósito común, como lo hace nuestra iglesia cuando trata de servir a Dios y a su comunidad. Así pues, tenemos la responsabilidad de ser fieles a la función que Dios nos da en nuestra familia, iglesia, comunidad, y vocación.

Mientras que nosotros, como cristianos, nos encontramos entre el cumplimiento y la consumación, podemos tener la confianza de que hay Uno que está en la presencia de Dios como representante nuestro, así como Moisés o el Sumo Sacerdote en el Día de la Expiación. Y si Cristo, con los atributos humanos que posee, puede estar en la presencia de Dios, ¿no podemos esperar que algún día nosotros tengamos la misma experiencia?





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Ronald E. Osborn, Ph.D., A 2014-2016 Mellon Postdoctoral Fell ow in the Peace and Justice Program at Wellesley College (Boston), and a 2 015 Fullbright Scholar to Burma/Myanmar, Formerly an Adjunct Faculty Membe r in the Dept. of International Relations at USC, and in the Honors Progra m at UCLA. Topic: "Death Before the Fall?: A Conversation with Ronald Osbor n."

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