Sacrificio de sangre: Si es un símbolo, ¿qué significa?

(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)

¿Por qué los israelitas ofrecieron millones de sacrificios a fin de encontrar el perdón? ¿Cómo podía glorificar a Dios la sangre que se derramaba y se aplicaba al santuario diariamente cada año? Con espacio limitado para abordar este enorme tema, he decidido tratar un solo aspecto: la sangre de los sacrificios.

¿Por qué la sangre?

Los antiguos textos rituales dan poca información en cuanto al significado de los ritos realizados, por lo que debemos sacar algunas conclusiones de lo poco que se ha dicho. En Levítico, la declaración más clara con respecto a la sangre está vinculada a la prohibición de comerla. “Porque la vida de la carne está en su sangre, y os la he dado para hacer expiación por vuestras vidas en el altar, porque, como la vida, es la sangre la que hace expiación” (17:11, Nueva Versión Estándar Revisada). Aquí la sangre hace expiación, y eso se debe a que la vida está en ella; pero debido a que esa sangre es derramada, también puede representar la muerte.

Entonces, ¿de qué manera la sangre hace expiación, si representaba a la vida y también a la muerte? Recurriendo a otras antiguas creencias del Cercano Oriente, algunos han llegado a la conclusión de que representa apaciguamiento. Si bien puede ser apaciguamiento en determinados contextos, el significado de la palabra kpr (“expiar”) en ninguna parte, en el Levítico, se aplica directamente a Dios como un ser que necesita ser apaciguado. Por el contrario, la expiación se aplica únicamente al pecado. Además, el verbo se utiliza en una forma (kipper) que se correlaciona directamente con el término kuppuru de la lengua acadia, que significa “frotar o limpiar”. Por lo tanto, el término hebreo sugiere el concepto de purificación o limpieza.

El Nuevo Testamento hace eco de este significado. La sangre de Jesús nos limpia de todo pecado (1 Juan 1:7). Una multitud celestial lava sus ropas y las emblanquece en la sangre del Cordero (Apoc. 7:14). Esta declaración es paradójica (¿cómo se pueden emblanquecer unas prendas de vestir en la sangre?). Es necesario reconocer que se trata de una metáfora. Entonces, ¿cómo hace la sangre de Jesús, metafóricamente hablando, para limpiarnos del pecado?

Al estudiar los diversos contextos en los que se menciona la sangre, he llegado a la conclusión de que la sangre representa la verdad. Concretamente, una verdad revelada por la muerte de Jesús. Un corolario de la purificación es el concepto del Nuevo Testamento de santificación. De acuerdo a Hebreos 10:29 y 13:12, la sangre de Jesús nos santifica. Sin embargo, Jesús afirmó también que la verdad nos santifica (Juan 17:17). La sangre del nuevo pacto (comparar con Marcos 14:24), pacto que está vinculado con la ley de Dios y escrito en la mente, nos lleva al conocimiento que todos tendrán de Dios y su perdón (Hebreos 8:10–12, Nueva Versión Estándar Revisada).

Cuando Jesús habla de su carne y sangre con aquellos que buscan más milagros relacionados con la producción de alimentos, afirma que a menos que coman su carne y beban su sangre no tendrán vida en ellos (Juan 6:53). Poco después, explica: “Es el Espíritu el que da vida, la carne es inútil. Las palabras que os he hablado son espíritu y vida” (Juan 6:63, Nueva Versión Estándar Revisada). Evidentemente, en estas referencias la sangre está vinculada al conocimiento, o a la verdad, o a la Palabra de Dios.

En su primera epístola, Juan habla de tres testigos: el Espíritu, el agua, y la sangre. “El Espíritu es el que testifica, porque el Espíritu es la verdad” (5:6, Nueva Versión Estándar Revisada). Si el Espíritu es la verdad, parece razonable pensar que los otros dos también representan la verdad. Curiosamente, Juan emplea a estos tres “testigos” a lo largo de su Evangelio, eligiendo historias de la vida de Jesús que involucran al Espíritu, el agua, y/o la sangre. En los capítulos 8-12, las metáforas del agua, la sangre y el Espíritu cambian a los símbolos de la libertad, la vida, y la verdad. La metáfora de la luz predomina en estos capítulos. Después Juan vuelve a los tres elementos originales, cuando llega a la conclusión de su Evangelio.

Habida cuenta de la pistas dadas por el contexto anterior, parece claro que la sangre representa la “verdad” en relación a la muerte de Jesús. ¿Qué verdad, entonces, es la que representa la sangre de Jesús? Tal vez sea instructivo preguntarnos: ¿En qué lugar de los relatos de la muerte de Jesús se menciona su sangre? De hecho, sólo hay cuatro lugares:

Mat. 27:4&150;8: Judas confiesa que ha derramado sangre inocente (mención del “dinero de sangre” y del “Campo de sangre”).
Mat. 27:24, 25: Pilatos se lava las manos, él mismo se declara inocente de la sangre de Jesús, la gente responde que su sangre será sobre ellos y sus hijos.
Lucas 22:44: El sudor de Jesús como grandes gotas de sangre.
Juan 19:34: El costado de Jesús es perforado y fluyen sangre y agua.

Ninguno de estos pasajes se refiere a la sangre de su flagelación, o a la causada por la corona de espinas, o a la de la crucifixión misma. En los dos primeros casos, la sangre de Jesús está ligada a quienes son responsables de derramar la misma. En Lucas 22:44, la sangre de Jesús es el resultado de una extrema angustia mental que le llevó a decir: “Estoy profundamente acongojado, incluso hasta la muerte” (Mateo 26:38, Nueva Versión Estándar Revisada).1

En este último pasaje, se señala la peculiar separación de la sangre y el agua, que marca lo prematuro de la muerte de Jesús (antes de lo esperado para una crucifixión). Como lo señalan los Evangelios, la sangre de Jesús parece indicar la naturaleza de su muerte—que no se debió a una causa común ni penal—sino a una angustia mental extrema.

Quizá más que cualquier otro pasaje, Romanos 3:21–26 menciona la sangre de Jesús en el contexto de la finalidad de su muerte, y esto sugiere su significado. Usando un grupo de verbos como motivo temático, el pasaje describe este fin:

Pero ahora…la justicia de Dios se ha revelado…
Ha sido sancionada por la ley y los profetas…
que [Cristo Jesús] Dios presenta como un sacrificio de expiación por su sangre…
Lo hizo para demostrar su justicia.
Es para probar…que él mismo es justo y que justifica al que tiene fe en Jesús. (Rom. 3:21, 22, 25, 26, Nueva Versión Estándar Revisada).

El corazón de la razón dada es: “porque en su divina paciencia ha pasado por alto los pecados cometidos anteriormente” (Rom. 3:25, Nueva Versión Estándar Revisada). Una vez más, la sangre apunta a una revelación de la verdad, en este caso, la verdad acerca de la justicia de Dios.

Aunque hay mucho más que decir, tal vez esto es suficiente para promover la investigación, estudio y discusión.

Notas y referencias

1. Aunque en disputa textualmente, Lucas 22:44 muestra pruebas de autenticidad.

Jean Sheldon es profesora de religión en el Pacific Union College, en Angwin, California.





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