“Medición de la culpa”

Por Daniel Thompson

(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)

Daniel Thompson, graduado con el grado de Master of Arts de Newbold College, es pastor de las iglesias de Hemel Hempstead, St Albans, y Welwyn Garden City, en el Reino Unido de Gran Bretaña.

Un sociólogo le puede decir que es el resultado de una violación de las normas y valores aceptados de su cultura o grupo social. Un pastor le puede decir que es el resultado del pecado. Un psicólogo freudiano podría decir que es la infracción de las normas interiorizadas de un cuidador primario, y la consecuencia de ceder a la identificación sobre el superyó. Un biólogo evolucionista probablemente le diría que es el resultado de fuerzas evolutivas que actúan en un nivel individual y grupal a través de la selección de grupo. Un neurólogo puede decirle que es causado por el funcionamiento de la corteza prefrontal, en relación con otras partes del cerebro. Estoy hablando de la culpa por supuesto.

La culpa es una respuesta emocional que tiene muchas causas. Siendo consciente de la agenda filosófica que hay detrás de algunas explicaciones, si queremos comprender la realidad multifacética de la culpa, no hay una sola descripción que pueda hacerlo. Si vamos a identificar con precisión las causas de la culpa, tenemos que suspender nuestros prejuicios profesionales o dogmáticos para entenderlas más allá de los clichés comunes. Un misionero adventista en Nepal no le diría a una mujer recién convertida que la culpa que ella experimenta —por renunciar a sus deberes conyugales poliándricos— es simplemente el resultado de su propio pecado. Probablemente Ud. no le diría a una madre que se siente culpable por haber perdido a su hijo, que su culpabilidad no es más que el resultado de romper una norma social. No sería muy útil decirle a un niño que confiesa haber metido su mano en la lata de galletas que no se preocupe, porque sus sentimientos son simplemente el resultado de su corteza prefrontal que está haciendo su trabajo. Si se trata de apelar al sentido de culpa de un operador nazi de cámaras de gases, no resultaría muy útil decirle que sus acciones fueron simplemente el resultado de un impulso evolutivo por la supremacía sobre un grupo competitivo; podría estar de acuerdo con usted y seguir su camino tranquilamente. Por supuesto que sería inútil, también, decirle a un sociópata que debería obedecer a su conciencia.

Podría ser útil entender algunas de las categorías de la culpa, y sus causas, antes de hablar de algunas soluciones. Algunas de estas categorías se pueden extraer de lo que ya hemos dicho. La idea de culpa teológica consiste en romper la ley de Dios. La culpabilidad legal, por su parte, se deriva de romper las leyes de un estado en particular. La culpabilidad social puede tener una causa doble: no estar a la altura de las expectativas de la familia y / o violar las leyes de la cortesía o el decoro de un grupo social particular. Y, finalmente, la culpa personal puede aparecer cuando rompemos con nuestras propias ideas de lo que deberíamos hacer, o por no vivir a la altura de nuestros objetivos. Así, parece claro que nuestra respuesta a la culpa debe depender tanto de la infracción como de quién es el ofendido. El éxito en tranquilizarnos a nosotros mismos, en la autocrítica constructiva, y en el crecimiento personal, rara vez se produce a menos que primero entendamos las causas.

Tal vez en la auto-reflexión podamos ver los puntos en que los límites entre estas categorías han sido confundidos en nuestras propias vidas. Es posible que Ud. pida perdón a Dios porque ha fallado en alcanzar un objetivo personal. Si bien puede ser útil rendir cuentas a alguien fuera de ti —porque te ayuda a alcanzar tus metas personales— el peligro podría estar en la unión de los deseos personales con la voluntad divina. A medida que el hábito se fortalece, nuestras propias metas son investidas con la misma autoridad que el bien y el mal, y esto puede llevarnos a creer que nuestra voluntad es la voluntad de Dios. O bien, podemos haber sido víctimas de las expectativas poco realistas de nuestros padres, lo que puede conducirnos a graves complejos de inferioridad y odio hacia nosotros mismos. Al emigrar a un nuevo país, con una cultura muy diferente, podemos ser juzgados por infringir el sentido de lo que es correcto para la mayoría, hasta el punto en que nos demos por vencidos en cuanto a la integración a la sociedad, y que desarrollemos la actitud de ver la cultura de la mayoría como una seria amenaza para la propia imagen personal y autoestima, por un lado, o, por el otro, cuestionar seriamente nuestras capacidades personales e incluso nuestra inteligencia. Las expectativas de la familia o de un grupo social podrían estar en contra de la ley del país, lo que puede producir resultados desastrosos. Estas son sólo algunas de las consecuencias de comprender mal la responsabilidad, o de darle una prioridad indebida. Y, como pastor, me preocupa cómo estas confusiones deforman nuestra comprensión de lo que significa la salvación divina.

Si vamos a apuntar en la dirección del crecimiento positivo a la luz de todo esto, podemos empezar a ver la importancia de la educación de los padres. El desarrollo de un niño comienza en casa. Quizás aquí es donde la Iglesia puede prestar apoyo a los nuevos padres y a los miembros de la comunidad local. En la vida cotidiana de una iglesia, el fomento de una actitud de aceptación a los que sufren de culpa por causa de la ruptura de normas sociales arbitrarias, parece ser una respuesta muy necesaria. Al mismo tiempo, puede ser crucial para concientizar a otros por su responsabilidad social frente a daños que han causado, o por abandonar las normas morales en favor de sus deseos personales y de la satisfacción propia.

Referencias:

BBC, Podcast sobre la culpa: http://www.bbc.co.uk/programmes/b0084kd8

Gary R. Collins, Consejería cristiana: Una guía completa.

 

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