Vivir en familia con madurez

Una persona madura, o una familia madura – que será aquella que esté compuesta por miembros que han alcanzado un buen nivel de madurez -, se caracteriza por:

a. La alta calidad de sus objetivos.
b. La ubicación de esos objetivos en un planteamiento de logro a largo plazo.

Nos explicaremos:

Imaginemos un niño que quiere que su madre le dé un caramelo. Lo demanda, y hasta es posible que, si no consigue enseguida la respuesta deseada por parte de la madre, patalee o llore. El niño quiere el caramelo ¡ya!. Tal vez le expliquen que ahora no es el momento apropiado, que es mejor esperar a después de comer, que se le van a poner los dientes feos, o incluso que es malo para su barriguita. Pero el niño no entiende de razones de belleza ni salud. Lo quiere ya, y punto.

Es bastante claro, en el caso del niño mencionado, que su objetivo, el caramelo, no es de un gran nivel como tal, y que no se plantea conseguirlo ni a medio ni a largo plazo, sino al más cortísimo plazo posible.

Pensemos ahora en un estudiante que tiene un examen el lunes. La semana ha sido bastante agotadora y el fin de semana acaba de comenzar. Lo que más le apetecería es irse a dar una vuelta con los amigos. Además, éstos aparecen en su casa animándole a irse con ellos. Si no lo hace y se queda estudiando, comprendiendo la importancia de superar ese examen, estará mostrando más madurez que el niño del caramelo. Le apetece satisfacer un deseo en ese momento, pero valora más el resultado de la prueba que tiene que superar y se está moviendo por un objetivo a medio plazo.

Pero, si en lugar de obtener de este próximo examen su motivación para estudiar, la obtiene de su deseo de prepararse concienzudamente para ser un buen profesional, entonces sus motivación es de mejor calidad y se proyecta en un más largo plazo. Aquí tenemos una persona con actitudes y planteamientos más maduros.

En el ejemplo que citábamos del niño, vemos como la mamá intenta elevar la calidad de los motivos del niño más allá de la satisfacción del gusto, procurando que comprenda la importancia de la belleza de sus dientes, o incluso más allá, deseando que entienda que no es bueno para su salud. Además le está intentando demorar la satisfacción de su petición hasta una hora en que sea más adecuado. Muchas veces el niño, tal vez como es de esperar según la edad que tenga, no es capaz de salir de su natural infantilismo.

Pero también hay muchos adultos que se rigen por pautas pobres e infantiles. Cada año, cuando se acerca el verano, millones de personas inician regímenes de alimentación con el único objetivo de lograr una silueta más esbelta y bonita. También aumentan las inscripciones a los gimnasios con el deseo de hacer emerger los "escondidos" músculos. La vida de muchas personas se convierte, en este área, en una montaña rusa de cuidado sumo y descuido máximo, simplemente porque sus objetivos son pobres. Si una persona se rige por objetivos de salud, y no sólo de estética, el planteamiento será muy diferente, y más estable y maduro.

También debemos decir, siguiendo con este ejemplo, que en la salud hay belleza, de la mejor calidad, y que también hay satisfacción del gusto, pero en el marco de un paladar educado.

Y aun podemos añadir que hay personas que incluso llegan a establecer sus objetivos a una mayor altura que la de la misma salud, siendo ésta tan importante. He podido ver quién cuida su organismo de una forma inteligente con el deseo de estar en las más óptimas condiciones para llevar a cabo un servicio a los demás del más alto nivel. Esta actitud ante la vida, que comprende el servicio, saliendo de nosotros mismos y abriéndonos a la necesidad del otro, muestra un grado de madurez de la más alta calidad.

Pues bien, esto es válido en todas las esferas de nuestra vida, incluso en nuestras reacciones ante las adversidades o en una discusión. Leemos en la Escritura: "mejor es el que tarda en airarse que el fuerte, y el que se enseñorea de su espíritu que el que toma una ciudad" Prov.16. El que se aíra fácilmente quiere que rápidamente se haga lo que él desea, o que inmediatamente se le dé la razón, - objetivo a muy corto plazo.

Como último ejemplo, podemos recordar las pautas que sigue cualquier persona que sea adicta a alguna sustancia o práctica. El esquema es del todo ¡aquí y ahora!, que es la pauta propia de la inmadurez.

En el terreno familiar, nos encontramos con muchas dificultades que son fruto de planteamientos de tipo infantil, que dejan al desnudo motivaciones de baja calidad, con objetivos que son excesivamente “temporales” y que quieren ser logrados en el menor tiempo posible. Podemos apreciar demasiadas familias que andan con sus rostros dirigidos hacia el suelo, en lugar de buscar un horizonte más valioso y verdaderamente ilusionante.

En nuestra sociedad y en nuestro tiempo podemos apreciar que se da mucha importancia a lo material, a lo mensurable a través de los sentidos, y sobre todo a lo susceptible de ser admirado por los demás. Se busca la complacencia del gusto y de la imagen, y a todo aquello que nos da una especie de “transfusión” de valor personal, dejándonos verdaderamente huecos en realidad. Creemos tener el valor de aquello que poseemos, sólo para darnos cuenta algún día de que hemos estado confundidos en lo que de verdad es importante.

Veamos algunos objetivos valiosos en el ámbito de la familia:

1. La construcción de un carácter noble en sus diferentes miembros. No hay nada más importante que el carácter. Es el elemento más determinante para salir vencedores o vencidos en la batalla de la vida.

2. La amistad en el seno de la familia. Sólo en un ambiente de verdadera amistad es donde se pueden lograr las mejores relaciones interpersonales en el hogar.

3. La confianza, basada en la veracidad y en la disposición permanente de ayuda de los unos hacia los otros. La verdad por encima de todo, expresada con cariño; la percepción de que podemos contar con nuestros padres, con nuestros hijos, con nuestra esposa o esposo, en toda circunstancia, es un poder que puede llevarnos a superar cualquier situación por adversa que ésta sea.

4. El deseo de ser útiles a los demás, incluidos los que no forman parte de nuestra familia. El espíritu de servicio es un indicador de salud psicológica y espiritual que habla del más alto grado de madurez como personas.

5. Una salud satisfactoria en las áreas física y psicológica. Es muy triste apreciar como, muchas veces, la familia más que ayudar a lograr una salud satisfactoria a nivel físico y psicológico, se convierte, por sus prácticas y hábitos, en todo lo contrario, en una fuerza adversa. La salud física y psicológica son una base muy importante para desarrollarnos en otras áreas.

6. La comunicación profunda, el respeto por encima de todo, el gozo de estar juntos... Verdaderamente la familia provee de los medios para lograr cosas muy hermosas en el campo de las relaciones interpersonales, y en el terreno de la afectividad.

7. El desarrollo espiritual de todos los miembros del hogar. Finalmente, la espiritualidad es el mayor distintivo que tenemos los seres humanos en relación con cualquier otra criatura de nuestro planeta. Cualquier otro elemento diferenciado del género humano, lo es en tanto que cuantitativamente. Somos más inteligentes que otros seres, contamos con más opciones a la hora de elegir, nos comunicamos más profunda y sutilmente,…Pero lo que tenemos de una forma exclusiva es la espiritualidad. Y no podemos darle la espalda a esa realidad sin sufrir graves consecuencias a nivel individual y familiar. Ojalá fomentemos en nuestro hogar el ser “llenos…en toda sabiduría e inteligencia espiritual” Col1:9

Pero todas estas cosas no se logran con la dinámica del “interruptor”: ¡clic!, y ¡ya está!. Se logran con un esfuerzo inteligente y mantenido, hablando, leyendo, reflexionando, invirtiendo tiempo, orando,…







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