Escuela sabática: Las causas de los "tiempos difíciles"

(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)

Nuestra tarea esta semana es examinar las causas de los tiempos difíciles que experimentamos a lo largo de nuestras vidas.

Primero debemos enfocar el concepto de “tiempos difíciles”. Porque no todos los tiempos difíciles son desagradables y dolorosos. Algunos podrían ser soportables, si no dignos de ser disfrutados, como por ejemplo lo que soportamos cuando vemos que estamos cumpliendo una meta deseada. Sufrimos ciertos dolores para evitar mayores dolores, como cuando nos sometemos al trabajo del dentista o cuando seguimos un tratamiento médico doloroso. Le damos la bienvenida a ciertas dificultades como un desafío a nuestra fortaleza y una oportunidad de progresar.

Supondremos, para nuestros propósitos en este artículo, que todos entendemos la idea de “causa”. Es en verdad notablemente difícil definirla en forma precisa, como queda en evidencia en varias importantes discusiones filosóficas. La pregunta es: “¿Qué clase de conexión existe entre un acontecimiento C y otro E, de modo que podamos decir que un suceso es la causa del otro, es decir, que el acontecimiento C es la causa del acontecimiento E?”

La idea de “tiempos difíciles” nos plantea el elemento de la subjetividad porque, después de todo, lo que podría ser doloroso para mí puede parecer trivial a mi vecino. Sin embargo, podemos analizar las “causas de los tiempos difíciles” sin comprometer los sentimientos. Vamos a proceder de esta manera. Vamos a relacionar “tiempos difíciles” con el dolor y el sufrimiento. Éstos tienen sus causas en uno o más de los siguientes hechos:

1. El mundo de la naturaleza, que es gobernada por leyes.

Podemos sufrir a causa de algunos “accidentes” de la naturaleza, como los virus, las tormentas, las inundaciones, los incendios. La naturaleza tiene un comportamiento regular que no cambia cuando sus regularidades son perjudiciales para los humanos.

2. El efecto de la voluntad de terceras partes: A veces son hostiles o indiferentes, y a veces simpatizantes nuestros y con una buena intención pero mal orientadas.

Podemos sufrir por tener un color particular, o por ser de una forma, tamaño o raza determinados, todo lo cual escapa a nuestra voluntad. Podemos sufrir por tener ciertas creencias o sostener ciertos ideales, o por practicar ciertos hábitos o tener ciertas costumbres. Si nos mantenemos firmes en nuestra fe y en nuestras expresiones de fe, otros pueden ser contrarios y tornarse hostiles. Éstos pueden ser personas bastante inesperadas, o incluso nuestros amigos y otras relaciones.

3. Nuestras propias acciones.

Las decisiones que uno ha tomado y que no se pueden revertir, y las acciones que uno ha realizado, a menudo tienen consecuencias indeseadas.

Si pensamos en la gran variedad de causas, el efecto doloroso tiene un estatus muy diferente, en casos que también son diferentes. Los ejemplos son demasiado numerosos y variados como para detallarlos. Ud. puede encontrar ejemplos posibles y reales de su propia experiencia y de su imaginación, y clasificarlos entre las causas señaladas arriba.

Nos preguntaremos, en cada uno de los tres casos, qué respuesta razonable podría existir. Porque las respuestas típicas no siempre son razonables.

1. La naturaleza es impersonal. Y ya que tiene regularidades, puede ser investigada racionalmente. El objetivo de la ciencia es comprender los “funcionamientos” de la naturaleza. La naturaleza es lo que es. Su curso puede no tener una relación positiva con los deseos y sentimientos de los seres humanos. Así es el mundo en que vivimos nuestras vidas. Las tormentas, enfermedades, y la muerte, son el resultado de procesos naturales. Este funcionamiento ordenado de la naturaleza es una condición para la vida humana. Si podemos entender los funcionamientos de la naturaleza, podemos predecir lo que va a suceder. Sabemos que el agua en los pulmones nos causa la muerte. Así sabemos que las inundaciones y las tormentas son causa de muerte. La naturaleza es predecible. No es el caso que a veces el agua nos ahoga y otras veces, en las mismas circunstancias, no lo hace. Si la naturaleza no fuera regular y, por ende, predecible, no podríamos vivir nuestras vidas. Así que podemos confiar en esto. Podemos, de este modo, saber qué hacer en vista de esta confiabilidad y predictibilidad. Debemos saber qué hacer con los funcionamientos de la naturaleza cuando los sucesos naturales producen resultados que no nos favorecen ni producen bienestar.

Dios creó el mundo dándole autonomía a la naturaleza, de modo que los sucesos naturales son independientes de su voluntad. Por eso los sufrimientos que vienen como resultado de actividades de la naturaleza no deben ser atribuidos a su Creador. Tampoco vamos a esperar que el Creador suspenda los funcionamientos de la naturaleza cuando éstos podrían dañarnos. Las propiedades del agua y del fuego no cambian cuando un niño está en medio del mar, ni cuando las personas quedan atrapadas en un edificio en llamas, respectivamente.

Respuesta: Algo podemos hacer para controlar la naturaleza, canalizando sus funcionamientos para que nos resulten benéficos, para ayudarla a que produzca bienestar y no dolor. Un ejemplo de esto es el esfuerzo de las investigaciones científicas médicas para conocer las causas de las enfermedades y así hallar maneras de neutralizarlas.

2. Los seres humanos hacen sufrir a otros seres humanos. Ciertos grupos de personas usan el poder de una manera negativa. A veces llegan a acuerdos horribles para hacerlo.

A veces no nos damos cuenta de la extensión del dolor que causamos. A veces a los hombres y a las mujeres no les importa el dolor que están causando, y ni siquiera se preocupan por el dolor que sus acciones y decisiones causarán en el futuro. Otras veces ni siquiera saben que están provocando algún dolor o problema. Nosotros también, a veces, podemos elegir deliberadamente un curso de acción que producirá dolor. Podemos elegir deliberadamente acciones que canalizarán el curso de la naturaleza en una dirección destructora y maligna. También esto puede ocurrir por causa de la indiferencia, o por no tomar decisiones oportunas para actuar de cierta manera.

Respuesta: Podemos ejercer influencia sobre otras personas para que tomen decisiones alternativas y, de este modo, producir otros cursos de acción de muchas maneras diferentes, a veces mediante la expresión de nuestra desaprobación o sugiriendo alguna recomendación alternativa. Otras veces podemos realizar acciones claras: proveyendo oportunidades para el cambio de las circunstancias o de la opinión, a veces simplemente por medio de nuestra presencia, o aconsejando, o sencillamente manifestándonos amigables. Por supuesto, hay instituciones en la sociedad que han sido establecidas deliberadamente para alcanzar esta meta: las prisiones, los institutos reformatorios, los grupos de asistencia social, etc.

3. Ciertas decisiones que tomamos en el pasado nos causarán dolor ahora y en el futuro. De modo que a veces nos arrepentimos y decimos: “Si tuviera otra vez esta oportunidad, actuaría de manera diferente”. En muchos casos hemos sido la causa de nuestros propios chascos y desdichas. Muy a menudo nos causamos problemas a nosotros mismos, ya sea por ignorancia, resistencia, envidia, perversidad, pereza, o indiferencia.

Pero el hecho que veamos que algunas personas sufren por sus propias faltas, no significa que les vamos a negar simpatía y compresión constructiva.

Respuesta:

  1. Trato de aprender del pasado, y bajo circunstancias semejantes no volver a cometer los mismos errores.
  2. Si no puedo cambiar el pasado, sí puedo intentar reconciliarme y emplear constructivamente el presente que me he forjado. Pero hará falta la sabiduría del discernimiento. Somos afortunados si al enfrentarnos con el dolor y el sufrimiento podemos mantener serenidad, y tener coraje y sabiduría. Pensemos en la oración de la serenidad: “Dios, dame serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valentía para cambiar lo que puedo cambiar, y sabiduría para reconocer la diferencia”.
  3. Intento actuar y decidir positivamente, y mantenerme consciente de la necesidad de estar alerta para hacerlo.

Conocer las causas de los apuros del dolor y el sufrimiento es una cosa. Arreglarnos con ellos, es decir, hacer algo al respecto, con el durísimo y singular apuro que es nuestro (o que creemos que es nuestro), es otra cosa. Conocer la causa puede ayudarnos a entender cuál puede ser la respuesta apropiada en nuestro caso particular.

También es útil cultivar un sentido de presencia, sentir que Dios está cerca y que nos sostiene en el tiempo de necesidad. Esto significa que nunca necesitamos sentirnos solos. Así podemos entender el sentido de la canción “Nunca caminarás solo”:

Cuando camines en medio de la tormenta,
Mantén tu cabeza levantada,
Y no tengas miedo de la oscuridad.
Al final de la tormenta hay un cielo de oro,
Y el dulce canto plateado de la alondra.
Camina en medio de los vientos,
Camina en medio de la lluvia,
Aunque tus sueños sean sacudidos y soplados,
Sigue caminando, sigue caminando, con esperanza en tu corazón,
Y nunca caminarás solo.

Pero aquí hace falta una advertencia. Un sentido de presencia que alivia el dolor no impide que tratemos de manera realista, determinada y paciente las causas del sufrimiento. De lo contrario, podría ser una forma de escapismo. Tampoco caigamos en el error de decir, “Todo va a estar bien en la Tierra Nueva. Aceptemos las cosas tal como están ahora”. Eso nos lleva al escapismo y al quietismo. Hay formas no auténticas de esperanza. Debemos tratar con el dolor de manera determinada y, si es posible, con las causas de los sufrimientos que soportamos. Sólo entonces nuestra esperanza será auténtica.

Finalmente, no tenemos que creer que cada vez que sufrimos se trata de una prueba de la fe, enviada por Dios. Tampoco deberíamos creer que Dios es la causa inmediata, o aún secundaria, de todo lo que sucede en nuestro mundo particular, o en general. Dios ha creado un mundo independiente de él mismo, en el cual los sucesos tienen su propio ritmo. Dios no es el causante de “las hondas y las flechas de la fortuna inaudita” que afecta a los seres humanos. Las causas y las consecuencias tienen su propio ritmo y desarrollo. ¡Qué clase de Dios sería aquél que pudiendo eliminar el sufrimiento y arreglar las cosas de modo que las causas del sufrimiento desaparezcan, no lo hiciera así!

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