
¿Cuál es el nivel de inteligencia de un aborigen que vive aislado en la selva? Durante el siglo XX hubo corrientes de pensamiento, no siempre minoritarias, que los consideraban inferiores al aborigen urbano. El prejuicio étnico ha sido y es una constante a lo largo del tiempo.
El año 2012 terminó con una fructífera cosecha en los campos de la ciencia y la técnica. La revista científica Science, una de las más prestigiosas del mundo ha reseñado las que considera diez más destacadas.1 El descubrimiento del bosón de Higgs y los resultados del proyecto ENCODE, sobre el genoma humano, podrían situarse como los de mayor impacto. Baste recordar que el bosón debía existir teóricamente y en la práctica ha resultado que la predicción era cierta. ¡Al fin conocemos a la madre de la masa de todas las partículas subatómicas!
Hay fósiles para los que no pasan los años, aunque se afirme que tienen millones de ellos. Así sucede con Fuxianhuia protensa, una especie de artrópodo encontrado entre los estratos más profundos que conservan vida compleja.
Cuando Dios quiso hacer reflexionar a Job en cuanto a su arrogante sabiduría, lo hizo con una batería de preguntas sobre la naturaleza. No le preguntó sobre cuestiones teológicas. Las cuestiones abarcaban toda la Creación, refiriéndose tanto a la reproducción de ciertos animales como a la construcción del universo.
Hoy, algunas de esas preguntas serían reformuladas y otras serían diferentes, pero estoy convencido de que quedan prácticamente tantas preguntas por responder como las que quedaban en los tiempos de Job.
“Papá, mira ¡bueyes!” Estas inocentes palabras, pronunciadas en 1880, habrían de convertirse en el principio de una revolución para la antropología y la arqueología.
¿Qué es lo que nos hace humanos? Lo cierto es que la pregunta puede resultar desconcertante para cualquier persona sin formación en especialidades tales como la filosofía, la teología o la biología. Para quien no es especialista las diferencias entre un ser humano y los animales son considerables. También para el experto, pero considerando este una multitud de matices introducidos buena parte de las veces por el pensamiento evolucionista.
Cuenta Mary Schweitzer que un científico anónimo que revisaba un artículo que pretendía publicar le dijo que la conservación de aquella proteína 'fósil' no era posible y que, fueran cuales fueran sus datos, no podría convencerle de lo contrario1.
No se necesitaba más evidencia de la complejidad de la vida en los estratos más profundos y remotos del registro fósil. Aun así, los fósiles parecen empeñados en mostrarnos que nos tienen reservadas más sorpresas y siguen dando vueltas de tuerca.
El reciente análisis de los ojos de unos sorprendentes fósiles cámbricos pone de manifiesto mecanismos de visión absolutamente actuales.1 Pero pertenecen a un momento de la historia en el que, según la teoría de la evolución, la vida debía ser un primitivo y tosco experimento inicial, pendiente de ser refinado con el tiempo.
El año 2010 finalizaba con una noticia que debía hacer historia. Una bacteria parecía ser capaz de sustituir el fósforo por el arsénico en su bioquímica.
En la química de la vida las leyes son muy estrictas, aunque no se descarta que un elemento químico pueda ser sustituido por otro de características parecidas que permitan el intercambio entre similares. Aun así, no se ha probado ningún caso de este tipo y de suceder sería, sin duda, un hito en los anales de la ciencia.
La noticia corrió como la pólvora por la red. La revista especializada American Journal of Physical Anthropology publicaba online a finales de 2010, el resultado de una investigación de científicos israelíes y españoles que situaban los restos más antiguos conocidos de ser humano actual entre 300.000 y 400.000 años..., ¡en Israel1. Los fósiles fueron encontrados en el yacimiento de la Cueva Qesen, fueron datados mediante métodos estándar y se presentaron como desde 100.000 a 200.000 años más viejos de lo que hasta ahora se pensaba.